Todo empezó con una locura. O al menos eso pensaron en su momento.
Era diciembre de 1986. Ángel "Lito" Massaccesi, que vivía en Tigre y era dueño de una empresa llamada Construcciones Tigre, tuvo una idea que nadie le había pedido y nadie esperaba: agarró la guía telefónica y se puso a buscar todos los Massaccesi que aparecían.
Uno por uno, les escribió a mano una carta de saludo navideño.
No los convocaba a ningún encuentro. No pedía nada. Solo los saludaba por las fiestas y tendía un hilo —invisible, frágil— entre desconocidos que compartían un apellido poco común.
La carta manuscrita que Lito Massaccesi envió a cada Massaccesi de la guía telefónica, diciembre de 1986.
La reacción en muchas casas fue la misma. Marcos Massaccesi lo recuerda con exactitud:
"Mirá el loco este, un Massaccesi que agarró y se le ocurrió escribir algo."
Sus tíos no contestaron. La carta quedó arrumbada o guardada. En ese momento, la idea de conectarse con alguien por el solo hecho de compartir el apellido era demasiado extraña. No se daba bola a los que no eran parientes de sangre.
Pero la carta no desapareció del todo. En muchas casas, esa hoja manuscrita todavía se atesora. Porque con el tiempo, lo que en 1986 parecía una locura se fue convirtiendo en el germen de algo mucho más grande.
Lito no vivió para verlo, pero su carta —ese gesto aparentemente inútil de saludar a desconocidos en Navidad— fue la primera semilla de lo que hoy son más de 130 personas reunidas bajo el mismo apellido, en cinco países, celebrando cada año que se encontraron.
A veces los locos tienen razón.