La cuarta juntada llevó a la familia hasta Miramar de Ansenuza, a orillas de la laguna Mar Chiquita en Córdoba. Un escenario único para lo que fue, según muchos, el encuentro más consolidado de los cuatro.
Con tres años de historia encima, la familia ya no necesitaba presentaciones. Los vínculos estaban formados, las caras eran conocidas y el reencuentro fue de otra profundidad: más distendido, más íntimo, con esa comodidad que solo da el tiempo compartido.
Miramar de Ansenuza quedó como el símbolo de una familia que ya no es solo un apellido en común, sino un grupo de personas que se eligen cada año para volver a encontrarse.