Italia · 1948 · Posguerra de la Segunda Guerra Mundial
En el año 1948 se produjo la llegada del último grupo de una rama de la familia Massaccesi a la Argentina. En aquel entonces, con los aires que había dejado la Guerra y sus ecos, las nostalgias y los sueños por cumplir, ocurrió la salida de Italia de este grupo de valientes, que soñaban con vientos de construcción.
La sombra de una nueva guerra
Así concluida la Segunda Guerra Mundial, se comenzó a hablar de una nueva guerra entre Rusia y los Estados Unidos. Ambos habían llegado a Alemania —a Berlín— y había un desacuerdo en cuestión de límites, lo que conduciría con el devenir del tiempo a la construcción del famoso Muro de Berlín.
Si esa guerra se concretaba, los jóvenes italianos, descendientes de aquellos que habían sobrevivido y superado la dolorosa experiencia de un hecho que marcó a la humanidad, entrarían en la probable nueva contienda como soldados.
En Italia, la ley de ese momento decía que un hombre que tuviese tres o más hijos no iba a la guerra; por ello algunos miembros de la familia se habían salvado de aquella batalla feroz y de exterminio. Pero una vez terminada la guerra, sus hijos sí podrían ser reclutados para participar de una nueva contienda que no les pertenecía.
Por eso decidieron tomar otros rumbos.
"Con un baúl y muy pocas pertenencias, se vieron forzados a dejar atrás los cimientos de sus vidas y emigrar a otra tierra que les prometía alentar la confianza en un futuro."
— Relato familiar, transmitido de generación en generaciónEl baúl y la esperanza
Con un baúl y muy pocas pertenencias —que simbolizaban un bulto de recuerdos— se vieron forzados a dejar atrás los cimientos de sus vidas y emigrar a otro país, a otra tierra que les prometía alentar la confianza en un futuro donde podían sembrar esperanza y reconstruir la existencia para florecer después de las cenizas.
Entre las opciones más conocidas estaban Venezuela, Brasil y Argentina.
El destino: San Martín, Mendoza
Una familia completa de aquellas que buscaban un nuevo comienzo con ilusiones y nostalgias llegó al Departamento de General San Martín, Mendoza, República Argentina y se estableció allí en forma definitiva.
El grupo incluía a un padre que había logrado poner a salvo a sus cuatro hijos de los horrores y la brutalidad de una inminente guerra, y que junto a su esposa habían convertido el temor en una unión inquebrantable: el sustento necesario para que su descendencia viviera con aire de paz.
Traía su oficio de carpintero y mecánico de autos, especializado en la rectificación de motores. Y poco a poco, con constancia, esfuerzo y trabajo, creó una importante empresa donde la chispa de los sueños se consolidó en una realidad empresarial sólida.