San Martín, Mendoza, Argentina · Principios de la década de 1950
En la Ciudad de San Martín (Mendoza), tres inmigrantes conocidos como los "gringos Massaccesi" se entretuvieron haciendo de las suyas. Siempre lo más importante era su trabajo en el taller de rectificación de motores, pero en sus horas libres se divertían entre notas de acordeón, porque eran buenos músicos y las canciones les evocaban la nostalgia de Italia, aquella tierra que los había visto nacer. Sin embargo, tenían otra pasión: pilotear su moto AJS, con la que participaban en carreras y realizaban acrobacias.
Los miembros eran Florindo y Duilio Massaccesi y un amigo en común de la tierra natal.
Comenzaron a hacer acrobacias y el dinero recaudado era donado a la Policía de Mendoza y al Escuadrón de Bomberos. Por consiguiente, contaban con una autorización especial que permitía a tres personas circular en la moto.
El subcomisario y la celda
La historia cuenta que, un día sin previo aviso, llegó un subcomisario nuevo al lugar y los arrestó a los tres por andar en una moto. Ellos quisieron explicarle que tenían una autorización especial, pero el subcomisario desestimó las explicaciones justificadas, ordenó la detención de todos y los encarceló.
Cuando el comisario preguntó qué novedades había y se enteró de que los tres estaban detenidos, quiso saber qué había ocurrido. Le comentaron que los habían arrestado porque no se había creído en la validez de la autorización. Entonces el comisario preguntó qué pena les había dado para cumplir, y le contestaron que tres días de arresto.
Por lo tanto, solicitó las llaves y abrió la celda. Hizo salir a "los gringos" y ordenó que entrara a la misma el subcomisario, mandándole cumplir la condena por ellos.
"Hizo salir a los gringos y ordenó que entrara a la misma el subcomisario y le ordenó cumplir la condena por ellos."
— Relato familiar, transmitido de generación en generaciónLos números de la moto
El tiempo seguía transcurriendo mientras los acróbatas perfeccionaban sus piruetas. Para el año 1953 sumaban proezas cada vez más audaces a su historial, con números particulares que designaban con nombres tales como "la escalera humana" —colgándose en un trapecio de 3 metros de altura—, "la palomita", "el salto de la muerte" y "quien la pilotea". Dejaban al público sin aliento mientras lo divertían.
El origen: Italia y las milicias inglesas
Quizás al leer esta historia el lector se pregunte cómo surgió este entretenimiento de equilibrio y acrobacias en una moto. Es aquí donde la memoria de los recuerdos de infancia trae relatos de familia que, de niño, atrapaban completamente, casi sin pestañear, con extrema atención, mientras la imaginación recreaba las imágenes como en un filme cinematográfico, paso a paso, cada detalle. En esas tardes en que las historias se alargaban hasta el crepúsculo, surge la imagen de Florindo y emerge el recuerdo.
A pesar del dolor, su espíritu no había sido arrebatado por los vestigios de la guerra. Florindo solía narrar las vivencias de su juventud y recordaba su moto, en la que salía con su hermano Duilio y otros amigos a pasear por Iesi, Ancona, Italia, donde habían nacido.
Solían encontrarse con las milicias inglesas y se ponían al costado de ellas, moto contra moto. Con el pie empujaban a los ingleses y hacían caer las primeras motos en el escuadrón; luego salían a toda velocidad para escaparse de un arresto más que seguro. Tenían la suerte de conocer el terreno y saber dónde esconderse.
Con el devenir del tiempo y la vida, esas picardías de adolescentes los convirtieron, ya en la Argentina, en acróbatas que brindaban exhibiciones en diversos puntos de la Provincia de Mendoza.